viernes, 24 de marzo de 2017

Monogatari series

Las mejores obras son sin duda aquellas que puedes revisitar una y otra vez sin que pierdan su encanto, es más, siempre tienes algo que aprender en cada visualización. En el cine esto es algo bastante común, si bien una película es un producto que no cambia con el paso del tiempo, sí que lo hacemos nosotros y nuestra perspectiva. Monogatari, a diferencia de una cinta, no permanece inmutable al paso del tiempo ya que, a parte de sus versiones BD, cada pocas temporadas tenemos una nueva entrega que aporta riqueza, de forma holística, a toda la serie. Por ejemplo, al ver los primeros capítulos de Bakemonogatari se nos presenta a Senjogahara y sus problemas derivados de su relación familiar con una secta, en un primer momento no se profundiza en esa cuestión, pero años más tarde en una nueva entrega de esta serie aparece Kaiki y bueno, ya sabemos como va el tema.
Monogatari sigue evolucionando, todos los personajes y sus tramas están estrechamente interconectados, esto es posible gracias a una excelente historia, que sin querer quitarle mérito a los guionistas de Shaft, parte de un material original excelente. Nishio Ishin el autor de la novela de Monogatari, ya demostró en otras obras como Katanagatari que es capaz de conseguir que se vuelva interesante un diálogo de diez minutos entre personas que caminan por el desierto.

Masaaki Yuasa -Tatami Galaxy
 Shaft es uno de los estudios que mejor entiende la animación, si bien cualquier anime tiene un fondo (lo que cuenta) que puede ser mejor o peor, uno de los terrenos más inexplorados es la forma. En la animación japonesa son escasos los autores que exprimen todos los recursos que la animación permite, en la gran mayoría de casos los estudios se limitan a crear arte preciosista con la mayor cantidad de detalle y movimiento posible. Esto no tiene por qué ser malo, hay historias que no pueden permitirse andarse por las ramas, pero es innegable que las oportunidades artísticas que ofrece el medio son infinitas y los estudios no quieren salir de su zona de confort. Hay autores que rompen con el esquema más tradicional , como pueda ser Masaaki Yuasa, pero también los hay más ''discretos''' como Shinbou Akiyuki, director de Monogatari series, Madoka Magica y uno de los principales del estudio Shaft,

Fondo y forma

El fondo en Monogatari no es tan importante como lo es su forma. Si nos paramos a analizar los capítulos de la serie nos damos cuenta de que casi nunca nos cuentan algo trascendental. La historia existe, está siempre presente, pero al anime no le tiembla la mano a la hora de colocar quince minutos de diálogo ''banal'' en un capítulo que dura veinte. Pero en Monogatari, gracias al conjunto de sus partes, es mucho más disfrutable la forma que el fondo, los diálogos triviales, la animación abstracta, la geometría, la arquitectura...
Y esto es gracias a la dualidad de tono que presenta la serie. Monogatari es tanto una serie escolar sobre adolescentes que disfrutan de su juventud como un anime de vampiros, dioses y ficción. No por ninguna razón algunos elementos como los dioses o los fantasmas reciben el nombre de excentricidades. Para darse cuenta de esta ambivalencia de tonalidad no hace falta más que detenerse unos segundos a analizar los primeros minutos del capítulo uno. El anime abre con una chica cayendo, casi levitando, por unas escaleras para ser atrapada por el protagonista antes de tocar el suelo y acto seguido nos lanzan cinco minutos de diálogo sobre el festival cultural entre Araragi y Hanekawa. El show generalmente juega con estos dos tonos, la trivialidad del día a día enfrentándose a locuras y fantasías espontáneas que inevitablemente están anexadas a la realidad más inmediata. Por eso el hecho de lo que nos cuentan no es tan importante a cómo nos lo hace; si pensamos en el caso de Senjogahara, no es más que una adolescente que quiere olvidar su relación con su madre debido a que esta le hizo sufrir, pero es la idea del cangrejo, el juego de palabras entre peso y pensamientos y las conversaciones ''tontas'' entre ella y Araragi lo que convierten un capítulo que perfectamente podría haber sido blando y sentimentaloide en algo realmente divertido e interesante. Estas situaciones se darán a menudo ya que el anime consiste en eso, en ese realismo mágico peculiar donde la realidad y la fantasía convergen en un punto común y la historia baila de forma inteligente entre las dos orillas.

Arte y Shinbou Akiyuki


E.F a Tale of memories
Shaft es algo más que cuellos retorcidos, que también, en el estudio tienen una sensibilidad artística muy particular, fondos que se mezclan con imágenes reales, planos de cámara que cambian constantemente durante las conversaciones, metáforas visuales, arte abstracto para reflejar las emociones de los personajes, la arquitectura, la geometría... Independientemente de la historia que narren -que suelen ser retrospectivas sin abusar- el principal rasgo del estudio es su arte. El estilo del estudio Shaft es generalmente atribuido a Shinbou, pero no podemos olvidar que estos rasgos distintivos ya aparecieron en la saga e.f. a tale of, donde si bien Shinbou sí que participó, él no era el principal responsable, sino que lo fue Shin OonumaEn esta serie ya se podían encontrar los principales rasgos que distinguirían a este estudio, si bien Shinbou quizá fue capaz de llevarlo a una nueva dimensión en el futuro, es inevitable recordar que sus principales referencias fueron sus compañeros de trabajo, sus senpais.
e.f. a Tale of memories

Pero si observamos la saga e.f. si bien utilizan el arte propio de Shaft, es algo puntual, todavía el fondo seguía siendo más importante que la forma, tenían la necesidad de contar una historia entrañable que inevitablemente debía ser acompañada de imágenes, pero sin duda el punto de inflexión fue Bakemonogatari, y para respaldar este argumento solamente hay que ver el estilo artístico de las futuras obras como ''Mekaku city actors, Nisekoi, Madoka Magica o 3-Gatsu no lion. Donde si bien no han sido tan experimentales como si lo llevan siendo unos años en la saga Monogatari, el estilo artístico se ha vuelvo más marcado y característico.



Mekaku city actors
3-Gatsu no lion

Madoka Magica





Bakemonogatari es un anime artísticamente raro, incluso me arriesgaría a decir que fue un experimento, aunque demasiado bien ejecutado para tratarse de eso. El arte no tiene ningún tipo de limitación, bien podemos pasar de un tipo de animación más tradicional, a una foto realista, a un cambio de estilo drástico o bien simplemente la cámara decide darse un paseo por la arquitectura de la ciudad mientras dos personajes hablan. Y esto es lo más normal, mensajes con fondos negros o rojos casi subliminales, elementos aleatorios que aparecen de repente en el escenario, paletas de colores que cambian una y otra vez sin un patrón aparente, letras que forman entes, etc. Utilizaron literalmente cualquier recurso que se les pasó por la cabeza, y esa aleatoriedad en la animación es un rasgo distintivo de la saga Monogatari ya que las posteriores producciones siguen patrones más normales (por ejemplo en 3-Gatsu no lion le dan mucha importancia a la arquitectura y a los cambios de escenarios para reflejar el estado emocional del protagonista).
Monogatari se puede considerar como un experimento muy fortuito o bien una creencia casi milagrosa de sus autores por su arte, porque como bien he dicho antes, si bien Monogatari nos cuenta una historia, esta nunca llega a estar al nivel de la forma, ni lo pretende.


Los problemas de la acción

El principal problema y acierto de Monogatari es que la acción depende estrictamente de los personajes y su interacción. Esto parece algo obvio, cualquier historia depende de estos, pero en este caso como se centra tanto en los diálogos este aspecto se potencia notablemente conviertiéndose en el núcleo de la historia. Esto implica una serie de ventajas, si consiguen crear personajes lo suficiente interesantes y carismáticos, la interacción entre estos puede dar fruto a horas y horas de diálogos divertidísimos que a su vez logran que vayamos conociendo mejor su mundo, pero si por su contra, son flojos, el anime cae por su propio peso y aunque generalmente esto no ocurre, hay contadas ocasiones en las que se puede volver aburrido. 
La fuente de todos los males
La empatía con los personajes de una obra es algo subjetivo, pero sí que se puede argumentar si tienen motivaciones, si hay obstáculos que las dificulten, si aportan una nueva perspectiva sobre los protagonistas, si aportan algo a través de sus micro tramas a la historia principal, y este examen hay personajes de Monogatari que suspenden. Nadeko suspende, su única motivación es, literalmente, estar enamorada del protagonista. Hasta cierto punto es justificable ya que ella puede ver a Araragi como una especie de hermano mayor al que aprecia significativamente, pero incluso con esta justificación suspende. Sí que es cierto que esta práctica casi machista -no lo es porque también ocurre con mujeres- de crear personajes cuya única función es estar enamorados de los protagonistas es una lacra con la que el arte nipón sigue enfrentándose, pero debo ser exigente, una serie de esta calidad no se puede permitir personajes tan flojos, y esto también desemboca en un problema conceptual y temático, Monogatari, aun con todos sus aciertos, es un harem escolar.

Este aspecto es un tema en el que no quiero profundizar demasiado, pero el género de ''harem'' no creo que deba existir. Básicamente trata sobre un protagonista donde todos los secundarios se enamoran de él. Sí que es cierto que Monogatari trata de ser una decosntrucción del género y que lo logra en los primeros capítulos de la serie cuando el Araragi acepta abiertamente comenzar una relación con Senjogahara. Esta es una práctica digna de alabanzas, pero ya sea en pos del fan service o la necesidad de vender más al público más joven, la serie acaba cayendo en las redes de las que ya se había deshecho de un primer momento. Casi todas las chicas del anime acaban enamorándose del protagonista simplemente por el hecho de que Araragi les ayuda. Incluso hay alguna que otra relación incestuosa extraña. De verdad me duele tener que nombrar este aspecto de la serie ya que es el principal motivo por el que la gran mayoría del público más adulto no se atreve a verla, pero debo hacerlo porque si bien a mí no me molesta excesivamente, el poco respeto que se tiene por los personajes y las mujeres es alarmante. Sí, es cierto que es un tema cultural, que oriente y occidente tienen mentalidades totalmente diferenciadas, pero una práctica tóxica lo es aquí y en Marte. Un personaje cuya función es estar enamorado del protagonista en un error, aunque luego trates de darle motivaciones y un pasado, incluso trates torpemente de justificarlo, sigue siendo horrible. 
Y este problema inevitablemente induce a otro de la misma índole, el fan service. No os voy a dar la chapa, si estáis leyendo esto es porque habéis visto Monogatari y esto implica que consumís anime, si no eres un adolescente de trece años con las hormonas enloquecidas que no respeten a los personajes y te muestren desnudos innecesarios molesta, pero este es un problema de industria que se debatirá en otra ocasión.


Conclusión

Monogatari es una serie extremadamente buena. Sus personajes y arte brillan y la interacción entre estos dos elementos es algo que pocas veces se ha visto. Hay personas que argumentan que esta serie no está hecha para todo el mundo por falta de acción, pero si personajes brillantes con líneas tan buenas no son suficientes para satisfacer al público, no sé qué lo va a hacer. El material original de Ishin junto al majestuoso trabajo de Shaft es una combinación tan sorprendente que han conseguido hacer algo realmente original de géneros tan trillados como puedan ser el escolar, el harem o los recuentos de la vida.

Esto no es más que una presentación, en el futuro pretendo analizar otros aspectos de la serie, las temporadas, personajes, historia... Pero me tengo que contener porque no quiero redactar un texto demasiado largo. Espero que os haya gustado y comentéis cualquier error, no lo sé todo, solo sé lo que sé.




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